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Antecedentes de la zona

 

I. Antecedentes de la zona

Costa Rica tiene una vida silvestre incomparable y única en el mundo que encierra un 5% de la biodiversidad de todo el planeta (García 1996). Este pequeño país de tan solo 51000 km2, posee más de 850 especies de aves, un aproximado de 210 especies de mamíferos (Boza et al 1981) y más de 300 especies de anfibios y reptiles.

La gran biodiversidad de nuestro país obliga al Estado a tomar medidas para la protección de zonas consideradas de importancia para el mantenimiento de esta riqueza. Durante los años 70s se inician los procesos para consolidar el Servicio de Parques Nacionales y durantes este periodo se declara una gran cantidad de áreas silvestres protegidas que equivalen a más del 20% del territorio nacional. Actualmente con las nuevas tendencias de participación comunitaria en los procesos de conservación surge la necesidad de protección de bosques y ecosistemas mediante un nuevo enfoque que promete extender los esfuerzos conservacionistas más allá de las fronteras de Parques Nacionales y Reservas públicas. Se pretende comprometer a la sociedad civil en las labores de protección e investigación de las zonas naturales de las que dependen para sobrevivir (Tavares, 2001).

El tema de los humedales cobra relevancia mediante diversas iniciativas emprendidas. Se ha llegado a determinar que este tipo de ecosistema abarca cerca de un 5% del territorio nacional. Estos espacios en que el agua es el principal factor que regula las relaciones entre los diversos factores ambientales, son considerados ecosistemas de invaluable potencial ecológico. Dentro de esta categoría se encuentran, entre otros, manglares, esteros, bosque anegado, pantanos, llanuras de inundación, lagos, lagunas y arrecifes. En Costa Rica, varias zonas que incluyen humedales han sido reconocidas por su trascendencia ambiental, económica e importancia internacional (Solano 2002). Siete humedales han sido denominados como Sitios Ramsar o humedales de importancia internacional en nuestro país.

El Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro (RNVSCN) es declarado como sitio Ramsar según la Convención Ramsar el 2 de abril de 1991. Esta zona protegida es un sitio de refugio para una altísima diversidad de fauna y flora amenazada y un sitio de importancia internacional para la conservación como fuente de alimentación para muchas especies principalmente de aves migratorias.

Ubicado en la región Norte, las zonas aledañas al RNVSCN han sufrido una acelerada transformación de las zonas de bosque natural a través de las últimas décadas. Según Klein y Pelz (1994) y COSEFORMA (1995), las áreas boscosas solo cubren poco más del 25% de toda la región. Los restantes pertenecen a otros usos, sobre todo a la actividad agropecuaria. El RNVSCN se encuntra en una las últimas áreas compuestas por parches boscosos.

El RNVSCN es declarado como área protegida por el gobierno costarricense el 4 de enero de 1984 según el Decreto Ejecutivo Nž 15120-MAG. Este constituye una de las zonas de vital importancia para el mantenimiento de la calidad ambiental del Noreste de Costa Rica. Este sistema de lagunas someras de agua dulce es el de mayor tamaño en la zona norte y sirve como regulador de inundaciones y sostén del caudal de varios ríos navegables de la zona (Ruiz 1995).

Teniendo esta categoría de manejo se prevé que el Estado lo administre de forma de mantener las características ecológicas del mismo y, de esa manera, mantener las funciones ecológicas e hidrológicas esenciales que redundan en última instancia en sus “productos, funciones y atributos”. La Convención de Ramsar ha desarrollado herramientas de trabajo para monitorear las características ecológicas y elaborar planes de manejo/gestión de los humedales de importancia internacional. (Resolución VII.10). por lo que es importante que los procesos de planificación y manejo de este sitio se lleve a cabo de manera de garantizar que los posibles impactos adversos provocados por las prácticas de uso de la tierra en las zonas adyacentes o comprendidas en la cuenca de drenaje sean objeto de reglamentación y monitoreo adecuados para garantizar que no se comprometan las características ecológicas del sitio Ramsar, además es indispensable un sistema de monitoreo para determinar su conservación a largo plazo.

 

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